Cuando el amor se volvió am3naza: Ahtziri mu3re tras la agr3sión de su pareja

Chilpancingo, Gro., 28 de noviembre de 2025. Agencia de Noticias Guerrero (ANG). — Hay noticias que estremecen, que rompen el aire y dejan un silencio pesado detrás. Así ocurrió con el nombre de Ahtziri Miranda Álvarez, una joven de 28 años cuya vida fue arrebatada de manera brutal el pasado 25 de noviembre, justo en la fecha dedicada a visibilizar y combatir la violencia contra mujeres y niñas: el Día Naranja.

De acuerdo con la Fiscalía General del Estado (FGE), Ahtziri fue agredida dentro de una vivienda en la colonia Caminos, donde su pareja, Enrique “N”, presuntamente la golpeó con tal fuerza que sus órganos internos no resistieron. Aunque fue trasladada de emergencia a un hospital privado e intervenida de inmediato, las lesiones eran irreversibles. Su muerte dejó a Chilpancingo envuelto en una tristeza que se sintió en cada rincón de la ciudad.

A veces, los feminicidios parecen cifras frías en un comunicado. Pero detrás de cada número hay una historia que tenía planes, afectos, una familia que esperaría verla regresar. Ahtziri no pudo volver. Y la fecha de su partida acentúa la herida: un día hecho para exigir que ninguna mujer sea golpeada, violentada o asesinada jamás.

La detención del presunto agresor ocurrió horas después. Un operativo conjunto entre la Policía Investigadora Ministerial, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Policía Estatal permitió localizar a Enrique Nazario Isaí, de 27 años, primero en motocicleta sobre la avenida Benito Juárez y más tarde en la colonia Temixco II, donde se cumplimentó la orden de aprehensión.

Hoy se encuentra a disposición del Juez de Control, quien determinará su situación jurídica.

Pero la justicia legal nunca alcanza para sanar la ausencia.
La muerte de Ahtziri vuelve a recordarnos que la violencia feminicida no es un asunto aislado, ni privado: es una tragedia social que destruye familias enteras y deja huecos imposibles de llenar.

Cada nombre que se suma a la lista de víctimas debería dolernos a todos.
Debería movernos, indignarnos, sacudirnos. Porque mientras una mujer sea asesinada por quien decía quererla, ninguna lucha será suficiente.

Ahtziri ya no está, pero su historia sigue llamando a gritos a una sociedad que no puede permitirse mirar hacia otro lado.ANG

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