Guerrero, tierra difícil y el imparable Jacinto
Gobernar Guerrero nunca ha sido sencillo. Es un estado marcado por desigualdades y una ciudadanía que no olvida ni perdona. Hoy, rumbo al 2027, surgen aspirantes desde Morena, pero muchos son rostros reciclados: viejos priistas y oportunistas que ayer llamaban a AMLO “dictador” y hoy se disfrazan de transformación.
La memoria de Guerrero es larga y firme: aquí no se olvida quiénes fueron críticos feroces del proyecto que hoy buscan encabezar. Tampoco se olvida a los viejos priistas que saquearon al estado durante décadas y que ahora, en un acto de cinismo, patrocinan a sus nuevos candidatos. Vienen con discursos ensayados, con poses prefabricadas y con promesas recicladas. Pero la gente sabe quiénes alguna vez salieron corriendo de estas tierras en cuanto pudieron, sin arraigo ni trabajo real en Guerrero, y ahora pretenden regresar por conveniencia.







El pueblo no es ingenuo. Como dice López Obrador: amor con amor se paga. ¿Cómo respaldar a quienes nunca caminaron colonias ni rancherías, quienes nunca defendieron el proyecto en sus años difíciles y ahora exigen espacios como si fueran suyos? Eso es una ofensa a las bases y a la dignidad guerrerense.
En medio de esa baraja, destaca Jacinto: inquieto e imparable, distinto al político tradicional. No se queda en discursos huecos, su diferencia está en los hechos: recorre lo que otros solo prometen. Hijo de la sierra que vio nacer a Lucio Cabañas, su historia no es de privilegios sino de esfuerzo, y su fuerza está en no olvidar sus raíces.
Lo acusan de vanidoso, pero lo que llaman vanidad es pulcritud y carácter. Lo tachan de arrogante, cuando en realidad es disciplina. No posa para la foto fácil, prefiere llevar la mano amiga a las comunidades más olvidadas.
Esa diferencia incomoda. Jacinto se ha vuelto la piedrita en el zapato, como lo fue AMLO en su tiempo: lo llaman “un peligro para el sistema”, y quizá lo sea… para los de siempre. Pero para el pueblo puede ser la esperanza de un cambio real.
Al final, no decidirán las cúpulas de poder, sino el pueblo sabio, que ya distingue entre quienes solo vienen a cosechar y quienes sembraron desde el inicio. Es cuanto.

