Agencia de Noticias Guerrero (ANG).- Una tragedia silenciosa marcó la noche del 8 de diciembre en la remota región de Arunachal Pradesh, India, cuando un camión que transportaba a 22 trabajadores a una obra cayó a un barranco, cobrándose la vida de 18 de ellos. El accidente ocurrió en la zona montañosa de Hayuliang–Chaglagam, una región caracterizada por su difícil acceso y su densa vegetación, lo que dificultó la localización del siniestro durante los primeros días.

El vehículo, que viajaba con obreros provenientes de Tinsukia, en Assam, se desplomó en un punto del trayecto donde las curvas peligrosas y el clima extremo complicaron el control. La noticia del desastre se mantuvo oculta durante más de 48 horas, ya que el área carece de señal de comunicación y el camión quedó atrapado entre los árboles, invisible desde la carretera.
La única esperanza para los rescatistas llegó con el testimonio de un sobreviviente, quien, a pesar de sus heridas, logró llegar al campamento GREF de Chipra el 10 de diciembre, donde relató lo sucedido. Con su valiosa información, las autoridades comenzaron a trazar la ubicación del camión, y fue solo al día siguiente, 11 de diciembre, cuando equipos de rescate, incluidos militares del Spear Corps y personal de la NDRF, lograron acceder a la zona.
El terreno extremadamente accidentado y la vegetación densa complicaron aún más la operación de rescate. Tras horas de búsqueda y rastreo, los equipos finalmente localizaron el camión a unos 200 metros por debajo del nivel de la carretera. La visibilidad desde el aire y la ruta principal fue nula, por lo que los rescatistas tuvieron que descender hasta el lugar utilizando cuerdas y equipos especializados.
Entre los muertos se encuentran trabajadores de diversas localidades cercanas a plantaciones en Tinsukia, cuyas identidades fueron confirmadas por las autoridades locales. A pesar de los esfuerzos por salvar vidas, el rescate de los cuerpos fue un proceso lento y arduo, dado el difícil acceso y las condiciones del terreno.
Este trágico suceso pone en evidencia las peligrosas condiciones en las que muchos trabajadores se trasladan a zonas de construcción remotas, en ocasiones sin las debidas medidas de seguridad en las rutas o vehículos. La lección más amarga de esta tragedia es el costo humano de la falta de infraestructura adecuada y comunicación en regiones donde la geografía y el clima representan desafíos adicionales a la seguridad laboral.

