Iguala, Guerrero.– Agencia de Noticias Guerrero (ANG). La noche del miércoles se tiñó de rojo en Iguala. En cuestión de minutos, el sonido de las sirenas rompió la calma en distintos puntos de la ciudad. Eran poco más de las diez y media cuando los reportes comenzaron a llegar al número de emergencias: en la colonia Fermín Rabadán y en El Capire habían aparecido varios hombres sin vida.
Al llegar, los agentes policiacos se toparon con una escena dantesca. Tres cuerpos en una calle polvorienta, y otros tres a varias cuadras de distancia, en otra colonia. Todos mostraban heridas de bala y signos de violencia. Algunos estaban semidesnudos, como si hubieran sido llevados a esos sitios contra su voluntad.
Mientras los peritos de la Fiscalía colocaban las cintas amarillas y marcaban los casquillos en el suelo, los curiosos se aglomeraban detrás de las patrullas. “Dicen que entre ellos está un chofer de urvan”, murmuraba una vecina con voz temblorosa.
Junto a los cuerpos fueron dejadas cartulinas con mensajes firmados presuntamente por un grupo delictivo, donde acusaban a las víctimas de distribuir drogas y cometer robos en la ciudad. Las autoridades recogieron los mensajes y varios indicios balísticos para su análisis.
Horas después, los cuerpos fueron trasladados al Servicio Médico Forense. Entre ellos se confirmó la identidad de Anselmo, un trabajador del transporte público que, según sus compañeros, había desaparecido días antes.
La madrugada cerró con el eco de los motores de las patrullas alejándose. Iguala volvió a la quietud, pero una más pesada, cargada de miedo y resignación. Con estos seis asesinatos, sumaron siete crímenes violentos en menos de medio día, recordando a los habitantes que, en su ciudad, la noche sigue siendo territorio del peligro.ANG


